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China y su relación económica con Estados Unidos

La relación entre Estado Unidos y China es muy relevante no sólo para ambos países sino para el mundo entero. Por un lado, China es una de las civilizaciones más antiguas del mundo, con una tradición de más de cinco mil años basada en la colectividad y el conceso cultural con una potencia enorme, y, por otro lado, a Estados Unidos que es una de las civilizaciones más recientes con la economía más poderosa, pero con una tradición de apenas doscientos años basada en el individualismo y el liberalismo.

En los últimos años hemos observado que la relación con Estados Unidos ha favorecido la independencia de China, el crecimiento económico y el lugar que ocupa dentro de las grandes potencias; esta relación que un principio fue sólo de carácter político ha evolucionado a una relación de industrialización y de comercio que les ha favorecido a ambos.

Es importante mencionar que el gobierno del país asiático establece planes quinquenales con objetivos claros de crecimiento económico y diseño de herramientas específicas de política económica para alcanzar dichos objetivos; por otro lado, la economía americana padece de una falta de planeación de mediano plazo, lo que ha llevado a los políticos a tomar decisiones de corto plazo que han colocado a Estados Unidos en una situación difícil.

Al igual que Estados Unidos, China enfrenta el reto de hacer que las familias dediquen más dinero al consumo, pero mientras eso sucede, ambos países deben enfocarse en hacer que el resto de la economía tenga una mayor contribución al crecimiento; en el caso de China el plan es claro, ya que las exportaciones y la inversión de infraestructura1 son los principales promotores del crecimiento, ya que invierte alrededor del 40% de su Producto Interno Bruto en el desarrollo y modernización de la infraestructura; por otro lado, en Estados Unidos la inversión en infraestructura es sólo del 10% del Producto Interno Bruto.2

Así, Stephen Roach, catedrático de la Universidad de Yale, menciona que Estados Unidos necesita reactivar la inversión pública y la privada en el sector de infraestructura como paso necesario para mejorar la competitividad y reactivar el crecimiento.

China ha conseguido sus objetivos con una mano de obra muy barata que ha ocasionado que, desde hace tres décadas, los consumidores estadounidenses compren y compren productos chinos sin competencia, hasta generar un déficit comercial muy grande con el país asiático. La recesión en la que cayó Estados Unidos —que coincidió con la llegada del poder de Barack Obama— fue aprovechada por los republicanos para generar un clima antichino entre la opinión pública estadounidense, acusando a China de crecer económicamente jugando sucio, casi esclavizando a los trabajadores. En esta pasada campaña electoral, el candidato republicano Mitt Romney aseguro que China está en guerra silenciosa con Estados Unidos con el propósito de arrebatarle la supremacía mundial en este siglo, y acuso a Obama de no hacer nada para evitarlo.

Fue hasta principios de 2013 cuando Xi Jinping, elegido como presidente de China en el XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista Chino, tomó las riendas del poder y tuvo que decidir qué tipo de relaciones habría entre China y Estados Unidos. Por ahora lo único que hay seguro es que China sobrepasará a Estados unidos en Producto Interno Bruto; el problema es saber si China se conformará con ser la primera potencia económica o aspirara también a ser hegemonía militar y cultural.

A todos les preocupa la relación China- Estados Unidos, y es aquí donde me parece importante entender cuál es la institucionalidad que hoy tenemos con la cuenca del pacífico, donde estos dos países, con civilizaciones muy distintas, pueden llegar a entenderse o a enfrentarse.

Observando lo que significa hoy China en el eje Atlántico-Pacífico, es preciso mencionar lo que dice Henry Kissinger sobre China —en su libro3 publicado recientemente—. El autor hace un planteamiento muy interesante hacia el final, donde para ver el futuro de Estados Unidos, China no encuentra nada mejor que recurrir al memorándum de la cancillería inglesa del 1o. de enero de 1907, escrito por Eyre Crowe, en el que proviene de un conflicto claro e inevitable entre Alemania e Inglaterra por la decisión alemana de tener una armada tan poderosa como la que aquéllos tienen y pretender desafiar la supremacía naval del imperio británico; siete años después comenzó la Primera Guerra Mundial.

Entonces, Kissinger, usando este memorándum, dice: “¿Habrá algún Crowe que este escribiendo algo parecido en relación con Estados unidos y China?” Entonces encontró al coronel Ling-Min Fu, en cuyo libro El sueño chino sostiene que es inevitable el conflicto y hay que prepararse para ello.

Para evitar este conflicto, Kissiger cree que la solución está en consolidar la Alianza del Pacífico que incluya a la mayoría de los estados ribereños, cuyas transacciones representan más del 50% del comercio mundial, donde todo indica que llegarán al 75% en un plazo relativamente breve, por lo que el peso del comercio entre las naciones del Atlántico Norte será cada vez menor, sin que esto signifique que sea insignificante.

NOTAS:
1. Según la teoría marxista, la infraestructura es la base material de la sociedad que determina la estructura social, el desarrollo y el cambio social; incluye las fuerzas productivas y las relaciones de producción.
2. López-Dóriga, Joaquín, “¿Qué puede Estados Unidos aprender de China?”, periódico El Economista, martes 4 de diciembre de 2012, sección de valores y dinero, p. 12.
3. Kissinger Henry, China, Debate, 2012, pp. 406-509.

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